jueves, 4 de abril de 2019

Hombres a prueba de tormentas Día 3

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Su plan


Así que, finalmente, llegamos a la cuarta pregunta, ¿cómo puedo experimentar pureza? La respuesta es la razón por la que escribí un libro, y es por eso que este plan existe. Sin embargo, antes de fijamos en la solución, primero vamos hacia atrás en la historia para ver cómo y dónde inició todo este lío. La historia de la sexualidad saludable y el pecado sexual comienza cuando Dios creó al hombre, en Génesis capítulo 1, a su imagen. Él los creó varón y mujer.

Desde el principio, Dios diseñó estos dos seres sexuales para disfrutar la intimidad sexual, para «convertirse en una sola carne» en el contexto del matrimonio, antes de que el pecado entrara al mundo. «Una sola carne» implica intimidad real con la mujer en todos los ámbitos de la vida, no solo la relación física, pero que sin duda, incluye la relación física. Adán y su mujer estaban desnudos y no se avergonzaban. Nada interfería con la intimidad que estos primeros dos seres humanos disfrutaban. Leyendo entre líneas, disfrutaron de una relación física completamente satisfactoria uno con el otro ya que no había ningún obstáculo para su intimidad. No puedo imaginar si quiera, cómo era esta intimidad verdadera, sin pecado. Dios diseñó el sexo para ser excelente, y la primera pareja lo experimentó en su mejor momento.

Hasta entonces, sin problemas; sin embargo, algo drástico ocurrió en el capítulo tres que cambió para siempre a la humanidad. Por el capítulo tres de Génesis, mi masculinidad lleva otra marca de los dos primeros seres humanos. Ellos desobedecieron a Dios (pecaron), comiendo el fruto del árbol prohibido. Desde entonces, cada persona que ha vivido, peca y posee lo que la Biblia llama «la carne». Y así, cada hombre desde entonces es un ser sexual, propenso a la lujuria y el pecado.

Convertirse en cristiano no nos exime de esta propensión al pecado. Nos da la capacidad de superar la tentación y el pecado, pero no elimina la capacidad de pecar. Pablo escribe, «Andad por el espíritu, y no llevarán a cabo los deseos de la carne». Cuando comencé a pensar en el tema de la pureza sexual, pensé que «huir de la inmoralidad» era el principio bíblico por aplicar. Tan crucial como este principio puede ser, ahora creo que la Biblia ofrece muchos principios que se aplican a nuestra pureza, y «huir» es el último paso. Cuando un hombre descubre y practica algunos de los otros principios de la Escritura, se encuentra con menor necesidad de «huir» porque él se encuentra en peligro con menos frecuencia. Pablo nos da uno de los pasajes panorámicos que se ocupan de la superación de la tentación y ofrece una salida.
Romanos 14:17
17porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.
Gálatas 5:16-18
16Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.Ro. 7.15-23. 18Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

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