lunes, 18 de marzo de 2019

El Corazón De Un Guerrero Día 10

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Entrenamiento básico 

Entrenamiento básico 1: Permanecer conectados al rey 

El primer y más importante principio de nuestro entrenamiento es lo siguiente: debemos permanecer íntimamente conectados con el rey, nosotros en él y él en nosotros. Pase lo que pase, los guerreros se mantienen cerca del rey. Nuestra vida está en Jesús y Él es la fuente de vida. A través de su profunda conexión con el Padre, Jesús nos mostró cómo podemos, de forma similar, vivir nuestras vidas unidos al Padre. Además, nos enseña por qué debemos hacerlo. Jesús quitó todo lo que impedía nuestra intimidad con él y con el Padre (su oración en Juan 17 lo confirma). 

Entrenamiento básico 2: Pelear por la libertad 

Traer libertad a los corazones cautivos no es mera abstracción. Es tan verdadero como el amigo que lucha contra el alcoholismo, la esposa agobiada con heridas de un abuso sexual en su niñez o el hombre sentado en la fila de atrás de la iglesia que está contemplando suicidarse. Ellos son el motivo por el que luchamos. Están heridos, atados y bajo la crueldad de un enemigo que no pueden ver en una guerra que no entienden. Un guerrero sabe muy bien que “Ese solía ser yo”. Entonces, siente compasión por los quebrantados y oprimidos. 

Entrenamiento básico 3: Ver con los ojos de tu corazón 

Por medio de Cristo y en Cristo somos libres, pero aun así el pasado nos arrastra como una fuerza gravitacional hacia las formas de vivir anteriores de nuestra naturaleza pecaminosa. Por eso, después de la curación inicial de nuestras heridas (durante la cual confesamos y nos arrepentimos tan frecuentemente como sea necesario), seguimos alertas y nos comprometemos a renunciar a todo lo que el enemigo haga para impedir nuestra libertad. Somos entrenados como hijos amados de nuestro Padre para ver, escuchar y discernir entre la presencia y las voces de dos reinos: el de la vida y el de la muerte. Esto es lo que está haciendo nuestro Padre en los corazones y en las vidas de sus hijos amados. Es lo que Jesús practicaba y así nosotros debemos también. 

Entrenamiento básico 4: Escuchar y tener la paciencia 

Todo requiere entrenamiento, lo que hacer, lo que no hacer y el aprender a tener cuidado al sacar conclusiones. El ser impostor se enloquece con facilidad y quiere decirnos cómo actuar, cómo reaccionar, juzgar o acusar. Cada momento está compuesto por una multitud de circunstancias movedizas, no es solo una. 

El corazón de un guerrero debe aprender que Dios es bueno y que desea el bien para nuestras vidas y para la vida de otros. El objetivo del Padre es desplegar a sus hijos amados en distintas situaciones en las que Él quiere la presencia del Reino. Aprender a volverse esa presencia toma tiempo. 

Entrenamiento básico 5: La soledad y ser astuto 

Quedarse quieto (Salmo 46:10) es una práctica diaria para un guerrero; algo que no es lo habitual para la mayoría de los hombres. En Mateo 6:6, la Biblia describe de forma linda el trabajo de seguir las instrucciones de Jesús acerca de orar a solas. Jesús nos dice, 

“Esto es lo que quiero que hagan: encuentren un lugar silencioso, apartado para que no estén tentados a representar un papel con Dios. Solo estén allí tan simple y honestamente como puedan. El enfoque cambiará de ustedes a Dios y comenzarán a sentir Su gracia”. 

Solo al practicar la quietud con ánimo, dejando a un lado todo el ruido y ajetreo de la vida, un hombre puede encontrar verdaderamente a Dios. En la quietud y en el silencio, se aprende el juicio; algo que puede poner en práctica cuando se encuentre en el medio de la batalla. Si un hombre no puede practicarlo cuando todo está quieto, no habrá manera de hacerlo cuando vuelen las flechas. 

Entrenamiento básico 6: Moverse en gloria 

Las cartas de Pedro, Santiago, Juan y Pablo dirigidas a los creyentes del primer siglo se escribieron con la expectativa que quienes las leyeran deberían “mejorar” porque estaban equipados y orientados para mejorar. Los viejos corazones de piedra (Jeremías 17:9; Ezequiel 11:19) se habían cambiado por corazones nuevos en los creyentes (Jeremías 24:7; Ezequiel 18:31). Ahora, en el centro de su ser, en el corazón, fueron hechos nobles y buenos (Lucas 8:15). ¡Así es también con nosotros! Nosotros también debemos aprender a vivir nuestras vidas desde el buen corazón que está dentro de nosotros. Nuestro Padre nos invita a mejorar, a convertirnos en más – más amorosos, más amables, más pacientes, más como Jesús en nuestros pensamientos, palabras y hechos y más como lo que somos verdaderamente como hijos amados. 

Entrenamiento básico 7: Amor 

Fuimos creados para el amor y es con amor que Dios nos restaura. Nuestro trabajo como hombres es, en primer lugar, recibir y encontrar a Dios y luego ofrecerlo a otros, porque Él es amor. Amor es el negocio familiar del reino. Necesitará algo de entrenamiento y todo lo que tenemos y somos como hombres para proteger el amor y verlo realizado. El amor no ocurrirá sin luchar. Sin embargo, si luchamos por el amor el resultado es seguro. Él se hizo humano como nosotros para que pudiéramos ser como él (gloriosos, Romanos 8). 

La mayor parte de nuestra vida y de la vida de los que nos rodean, hemos vivido con un amor tan condicional que el cambio vital hacia vivir bajo un amor incondicional toma su tiempo. Un hombre no puede simplemente ponerse a trabajar y hacer que suceda en un momento. El amor es algo que sucede a un hombre y entonces afirma el corazón dentro de él. ¿A qué se parece el amor? Jesús. ¡A Jesús!
S.Juan 17
Jesús ora por sus discípulos
1Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. 3Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
6He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. 7Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; 8porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.Sal. 41.9. 13Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
20Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, 21para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. 24Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. 25Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. 26Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

Salmos 46:10
10Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;
Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.

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