martes, 8 de enero de 2019

Listos para la batalla Día 6

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Jesús revirtió la realidad de la condición humana. Desde Adán hasta el día en que Jesús entregó su vida, el ser humano permaneció esclavo de Satanás a causa del pecado. Al ser expulsado del huerto del Edén, perdió todos sus privilegios, el mayor de los cuales era el caminar con Dios. Luego de pecar, no hubo para el ser humano posibilidad de entrar en la presencia de Dios sino a través de sacrificios. Satanás se encargó de robarle a Adán algo que él sabía que era fundamental para vivir una vida plena de paz y felicidad: la comunión con Dios, poder caminar juntos, hablar cara a cara con su Creador.

De ahí el valor de lo que Jesús recuperó. Él nos elevó al estatus original. Su sacrificio nos devolvió el inmenso privilegio de caminar nuevamente con Dios, a toda hora y en todo lugar, así como en el principio lo hicieron Adán y Eva.

Dios está con nosotros. Ya no hay barreras que nos separen, no hay límites, no existe nada ni nadie que pueda impedir nuestra comunión con Dios. Podemos hablar con Él en todo momento y lugar. Contamos con su ayuda dondequiera que nos encontremos. Jesús derribó todo lo que nos separaba de Dios. Ahora, el camino está abierto para todos en Jesús. Entremos por ese camino para vivir una vida victoriosa.

Parte maravillosa de lo que Jesús le arrebató al diablo, y que con su sacrificio hizo posible, es la autoridad que le había robado al hombre. Esa autoridad le pertenece ahora a la Iglesia. Todos los que creen, los que son hijos de Dios, los que caminan junto a Él y viven tomados de su mano, son los acreedores de esta valiosa autoridad. Jesús recuperó lo que habíamos perdido por el pecado y lo entregó a su Iglesia.

La autoridad que la Iglesia como Cuerpo de Cristo ha recibido es mucho mayor de lo que podemos imaginar, ya que el mismo infierno no podrá prevalecer frente a ella.

En la unidad del Cuerpo de Cristo hallaremos la mayor autoridad que hará sucumbir al mundo de las tinieblas. Puestos de acuerdo, podemos sujetar cualquier cosa que esté dominando en el mundo espiritual para cambiar la realidad en el mundo terrenal. Tenemos autoridad para atar al diablo y a todas sus huestes, y para desatar las bendiciones abundantes y sobrenaturales de Dios sobre nuestras vidas.
S.Juan 19:30
30Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
1 Corintios 15:55





55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

S. Mateo 18:18-20
18De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.Mt. 16.19; Jn. 20.23. 19Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Os. 13.14.


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