lunes, 17 de diciembre de 2018

Libre de la ira y el enojo Día 7 Final

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Algunos conceptos claros 


¿Cómo lo vamos a hacer? 



  1. Reconoce que tienes un problema con el enojo y la ira. Jamás vas a resolver un problema hasta que no llegues a reconocer que lo tienes. Sin hacerlo nunca serás libre y seguirás viviendo en la esclavitud de dicho pecado. Para reconocer cuál es la fuente de tu problema examínate a ti mismo. Pregúntate, ¿por qué es? Es por tu orgullo, por tu egoísmo o por tu falta de control. Tú sabes la respuesta. Sé sincero contigo. 

  2. Arrepiéntete ante Dios. Ya conoces el porqué, pero ¿estás arrepentido? No alcanza con la comprensión mental del asunto, sin trasformación, sin cambio de mente, te quedas corto, a mitad de camino. 

  3. Reconcíliate con tu hermano. Tal vez, deberíamos decir, busca la reconciliación, como el Señor enseñó: 


  • Mateo 5:23-24 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ningún servicio cristiano que hagas, ninguna ofrenda que entregues, logrará tapar el problema no resuelto con tu hermano, lo cual es una acción prioritaria delante de Dios. 

  • Colosenses 3:13 Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. ¿Por qué yo tengo que soportar tanto? Bueno, es similar a lo que otros tienen que soportarte. Colócate por un momento en su lugar. Habla también el texto bíblico de perdonarnos mutuamente, porque todos pecamos y además nos da el modelo para perdonar. ¡Como lo hizo Cristo! ¿Cómo fue que lo hizo? ¿Parcialmente?, es decir, ¿perdonando algo, pero no todo? O dijo una vez más y nunca más. No, gracias a Dios que no lo hizo así.

Repara los daños


Muchas veces la ira y el enojo causan daños que pueden ser de diferentes tipos. Es un paso vital, generalmente difícil, que lleva tiempo. No alcanza con simplemente decir: perdóname. Cuando nuestro cuerpo sufre heridas, necesita tiempo para curarse, pero también cuidados, paciencia, ternura, expresiones de amor. 

Cuando van pasando los años uno empieza a preguntarse, ¿por qué me enojé tanto y me dejé llevar por la ira por semejante tontería? La respuesta es que somos humanos, con una naturaleza caída. Si comenzamos nuestros días con Dios y su Palabra, interesados en otros, tendremos la actitud necesaria para ser libres de la ira y el enojo.
Efesios 4:32
32Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.


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