miércoles, 28 de noviembre de 2018

Peregrinos Y Extranjeros Día 5

Jonás. Predicando a una nación extranjera (Jonás 1 y 3)
El libro de Jonás es sorprendente: contrarrestar el rasgo pecaminoso del nacionalismo del pueblo elegido y manifestar el aspecto extra-terrestre de Su gracia. La gloriosa nación faro queda bastante mal parada. Los rasgos negativos del nacionalismo son muy tenaces. “¿Actuar para el beneficio de los crueles enemigos de mi Pueblo elegido? ¡¡Jamás!!” No tiremos la piedra al anti-héroe Jonás, ¿Cuánto tiempo dedicas al año a orar tú por otras naciones, y por la tuya? Jonás con compasión cero. Que mueran los enemigos, Israel estará más seguro. No tiremos la piedra a Jonás, por ejemplo la repentina llegada masiva de inmigrantes en las fronteras de Europa supone ciertos riesgos. Pero, ¿no vemos que Dios permite estas cosas para que oremos y ayudemos a tantos desarraigados necesitados que podrían ver Su amor y Su gracia, amén de la acogida brindada por algunos Sus hijos. 
Jonás está en huelga de oración, huye. Los verdaderos héroes del libro son paganos (marineros y Ninivitas) y oran mucho ellos (¡vaya lección nos dan!), y Dios les escucha. Jonás orará, cierto, pero en el capítulo 2 y para agradecerle a Dios por su Gracia hacia él (no hacia los extranjeros enemigos de su pueblo), y ¡¡en el capítulo 4 para quejarse de la gracia de Dios hacia los enemigos!!
La gran comisión nos encomienda a todos sus seguidores a orar, evangelizar, hacer discípulos por todas las naciones. No todos pueden ir, pero todos pueden y deberían orar. 
“¿Orar, evangelizar, pa… qué?, ¡no me van a hacer caso!” Pero Dios llama a personas que lo tienen difícil por su contexto (discapacitados, prisioneros del Islam). Toca su conciencia incluso con un mensaje en que sólo destaca la mala noticia. “¿Oraba Jonás? Qué va, se sentó en la sombra debajo de su enramada, “hasta ver qué acontecería en la ciudad”. Para poder decir luego: “Lo dicho Señor, ya lo sabía, no hacen caso, ¡lo ves…!” 
Si era difícil ir a Siria para predicarles ¡¡nos manda a los Sirios a casa nuestra!! Como nuestro Señor, transformémonos en anti-Jonás, manifestemos el amor de Dios por nuestras acciones y oraciones. 
Olivier Py
Motivos de gratitud:
· Dar gracias a Dios por su soberanía.
· Y dar gracias a Dios por su obra y porque cuenta con nosotros a pesar de cómo somos y pensamos.
Confesión:
· Te pedimos perdón, amado Dios, por tantas veces como caminamos en dirección contraria a la establecida por tu voluntad
· Queremos arrepentirnos por nuestras ideas y concepciones equivocadas sobre los extranjeros. Ayúdanos a amar al extranjero y compartir con él desde lo más valioso que tenemos (que eres Tú) hasta las cosas mas pequeñas y cotidianas.
Peticiones: 
· Por nuestra nación y su Salvación.
· Que estemos dispuestos a ayudar y a interceder por otras naciones que están necesitando ayuda, y que estas muestras de amor y gracia para con ellos le reflejen a Cristo. 
· Que podamos cumplir con la gran comisión de orar, evangelizar y hacer discípulos por todas las naciones. 

Jonás 1
Jonás desobedece a Dios
1Cierto día, un hombre llamado Jonás hijo de Amitai recibió un mensaje de parte de Dios: 2«¡Levántate, ve a la gran ciudad de Nínive y diles que ya he visto lo malvados que son!»
3Pero en vez de ir a Nínive, Jonás decidió irse lo más lejos posible, a un lugar donde Dios no pudiera encontrarlo. Llegó al puerto de Jope y encontró un barco que estaba a punto de salir. Pagó su pasaje y se embarcó, contento de irse lo más lejos posible de Dios.
4Cuando ya estaban en alta mar, Dios mandó un viento muy fuerte que pronto se convirtió en una terrible tempestad. El barco estaba a punto de romperse en pedazos.
5Cada uno de los marineros, temblando de miedo, llamaba a gritos a su dios. Ya desesperados, arrojaron al mar toda la carga del barco para quitarle peso. Mientras tanto, Jonás dormía plácidamente en la bodega del barco.
6El capitán se le acercó y le dijo:
—¡Qué haces aquí, dormilón! ¡Levántate y pide ayuda a tu dios! ¡Tal vez nos salve al ver que estamos en peligro!
7Al mismo tiempo, los marineros decían:
—Echemos suertes para saber quién tiene la culpa de nuestra desgracia.
Echaron suertes, y Jonás resultó culpable. 8Entonces, los marineros preguntaron a Jonás:
—¡Dinos ya por qué estamos sufriendo todo esto! ¿En qué trabajas? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué nacionalidad eres?
9Jonás respondió:
—Soy hebreo y adoro a nuestro Dios, soberano y creador de todas las cosas. Lo que está pasando es culpa mía, pues estoy huyendo de él.
10-11Los marineros, llenos de terror, le dijeron:
—¿Por qué has hecho esto? ¿Qué podemos hacer contigo? ¡El agua se nos viene encima y la tormenta se está poniendo más violenta!
12—Échenme al mar, y el mar se calmará —contestó Jonás—. Esta terrible tempestad cayó sobre ustedes por mi culpa.
13Los marineros comenzaron a remar con todas sus fuerzas, tratando de acercar el barco a tierra; pero no pudieron. Las olas eran cada vez más altas, y la tormenta casi los destruía. 14Desesperados, los marineros gritaron: «¡Dios! ¡Por favor, no nos dejes morir por matar a un hombre inocente! No nos culpes de su muerte, pues eres tú, Dios mío, quien ha querido hacer todo esto».
15Entonces los marineros tomaron a Jonás y lo tiraron al mar. De inmediato el mar se calmó. 16Al ver lo sucedido, los marineros reconocieron al Dios de Israel como su Dios, le presentaron una ofrenda y prometieron seguir adorándolo. 17 17 (2.1) Entonces Dios mandó un pez enorme, que se tragó a Jonás. Y Jonás estuvo dentro del pez tres días y tres noches.

Jonás 3

Jonás obedece a Dios
1Dios volvió a hablarle a Jonás, y le dio esta orden: 2«¡Levántate, ve a la gran ciudad de Nínive! Anúnciales el mensaje que voy a darte».
3Esta vez Jonás sí obedeció a Dios: se levantó y se fue a Nínive. Aquella ciudad era tan grande que para recorrerla toda se necesitaban tres días completos.
4Jonás entró en la ciudad, y durante todo un día estuvo anunciando: «¡Dentro de cuarenta días Dios va a destruir esta ciudad!»
5Entonces toda la gente de Nínive dejó de hacer lo malo y decidió obedecer solo a Dios. Y como querían demostrar que deseaban cambiar su manera de vivir, se pusieron ropa de tela áspera y ayunaron. Todos ellos, desde el más rico hasta el más pobre, no comieron nada ese día.
6Cuando el rey de Nínive supo esto, se levantó de su trono. Luego se quitó sus ropas finas, se puso ropas ásperas, y se sentó en el suelo. Todo esto lo hizo en señal de humildad ante Dios. 7De inmediato el rey envió un anuncio a toda la gente de Nínive:
«Esta es una orden del rey y de sus ministros: Que nadie coma nada. Se prohíbe que la gente, las vacas y las ovejas coman o beban. 8Todo el mundo está obligado a ponerse ropas ásperas, y deberán cubrir los animales con mantas ásperas.
»Además, les pedimos a todos ustedes que oren a Dios con todas sus fuerzas, que dejen de hacer lo malo, y que ya no se peleen ni maltraten a nadie. 9Si dejamos de hacer lo malo, tal vez a Dios se le pase el enojo, y no nos destruirá».
10Y al ver que toda la gente de Nínive dejó de hacer lo malo, Dios decidió no destruirlos.

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