sábado, 24 de noviembre de 2018

Peregrinos Y Extranjeros día 1

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Abraham, el ejemplo del creyente como peregrino. (He. 11:8-10; 13:14)
Abraham es uno de los personajes más conocidos de la Biblia, especialmente como ejemplo de fe. Su andadura comienza con el llamamiento divino a dejar Ur y seguirle hacia un lugar desconocido para él. La fe le convierte en peregrino. Por esa fe fue justificado, al creer la promesa que Dios le hizo de tener un hijo, contrariamente a cuanto era posible, por la edad de él y de su esposa, unido a la esterilidad de ella. Creyó a Dios y le fue contado por justicia (Gá. 3:6). La fe que le lleva a salir de Ur, no surgió de cualquier modo, sino que, como dice Esteban, “el Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abraham” (Hch. 7:2). No era la gloria de Dios, sino el Dios de la gloria. Esa manifestación apagaba cualquier otra y fortalecía la fe. Lo que esperaba ya no era un lugar terrenal, sino celestial. No era un territorio mejor que el de Ur, donde había vivido; la fe le lleva a transitar por el lugar de la promesa, como un peregrino, porque “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.
Esta misma es la situación de cada creyente. Como Abraham, creímos y fuimos justificados. La salvación es por gracia, mediante la fe (Ef. 2:8-9). La evidencia de esa fe, es que el hombre deja todo lo suyo para aceptar sólo lo que Dios le ofrece. El mundo se convierte en lugar de tránsito, hacia la ciudad que tiene fundamento, conforme a la promesa de Jesús (Jn. 14:1-4). Como Abraham tuvo que dejar todo lo suyo para seguir a Dios, nosotros salimos de nuestro mundo para seguir un camino marcado por las huellas de Jesús (1 P. 2:21). Nada hay permanente para el cristiano en la temporalidad. Su visión se eleva al cielo, donde están los bienes eternos, esperando la ciudad permanente. La iglesia victoriosa es la que, siguiendo a Cristo, está orientada hacia los lugares celestiales. 
Como peregrinos, en un mundo relativo, somos poseedores de valores absolutos.
Samuel Pérez Millos
Motivos de agradecimiento:
· Damos gracias a Dios por ser hijos de Abraham es cuanto a la fe
· Damos gracias a Dios porque Dios va con nosotros en el trayecto.
· Damos gracias a Dios porque a los creyentes nos está preparado en los cielos algo mejor que lo presente.
Confesión:
· Perdón, Señor, por nuestra falta de fe en tantas ocasiones. Queremos reconocer que muchas veces no estamos viviendo como peregrinos, con la mirada puesta en nuestra ciudad celestial
Peticiones:
· Que el Señor nos ayude a ser hombres y mujeres de fe y a caminar confiando en los propósitos que Dios tiene para nuestras vidas.
· Que seamos conscientes de que el mundo es un lugar de tránsito para el cristiano, con destino hacia el cielo, la ciudad permanente donde nos espera Cristo.

Hebreos 11: 8-10
8Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.Gn. 12.1-5. 9Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa;Gn. 35.27. 10porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Hebreos 13:14
14porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.

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