jueves, 4 de octubre de 2018

Enemigos del corazon día 5

Lleva tus deseos a Dios

Cada uno de los enemigos del corazón se activa con la idea que alguien debe algo. La culpabilidad dice “yo te debo”. La ira está alimentada por la idea que tú me debes a mí. La avaricia se mantiene con vida con la idea que yo me lo debo. Hay un cuarto enemigo del corazón y no es diferente: la envidia. La envida dice: “Dios me debe”. 

Cuando pensamos en la envidia y la codicia, inmediatamente pensamos en lo que otros tienen que nosotros carecemos (apariencias, habilidades, oportunidades, salud, estatura, herencia y más). Asumimos que nuestro problema es la persona que posee lo que nosotros carecemos. Pero seamos sinceros, Dios podría haber arreglado todo esto. Lo que le dio a tu vecino te lo pudiera haber dado a ti también. Por eso, puedes sentir muy adentro de ti que Él te debe. 

La envidia puede destruir tu vida y causar estragos en tus relaciones. La buena noticia es que este monstro, así como los otros tres, tiene una vulnerabilidad. Y es algo que posiblemente no esperes: dejar de desear lo que otros tienen y comenzar a pedir a Dios lo que Él sabe es mejor para ti. 

Como dice Santiago, nuestros conflictos externos son el resultado directo de un conflicto interno que ha logrado salir a la superficie. Queremos algo, pero no lo tenemos, entonces nos metemos en pleitos con otros. Los deseos a los cuales se refiere Santiago en este pasaje representan deseos insaciables: deseos de cosas, dinero, reconocimiento, éxito, progreso, intimidad, sexo, diversión, amistades y compañía. 

¿Entonces qué hacemos con deseos y apetitos que nunca serán completamente y finalmente satisfechos? Santiago dice que debemos llevarlos al que los creó. En otras palabras, Santiago nos da permiso de derramar el corazón en una conversación no filtrada con nuestro Creador. 

Cada preocupación que tienes, grande o pequeña, le importa al Padre porque tú le importas al Padre. Sea tu vida amorosa, tu carrera, tu matrimonio, tus padres, tus hijos, tus finanzas, tu educación, o tu apariencia tráelo todo a Él. Y sigue trayéndolo a Él hasta encontrar la paz de levantarte de tus rodillas y enfrentar el día confiado en la certeza de que Él cuida de ti. 

Permítame asegurarte, tu corazón siempre será preciado a Su corazón.

¿Por qué cosa duele tu corazón? Pasa algún tiempo en conversación libre y desinhibida con Dios acerca de lo que sientes que te hace falta. Pídale que te bendiga de la manera en que Él sabe que es mejor y que te revele Su amor en el proceso. 

Santiango 4: 1-3

1¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? 2Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. 3Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

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