lunes, 17 de septiembre de 2018

Gozo al Maximo Día 2

Intimidad con el Señor

Según la Biblia, la seguridad de ser amado conduce al reconocimiento de nuestra importancia. Cuando somos amados incondicionalmente, nos ayuda a saber que le importamos a alguien. Por eso Pablo, en su carta a los romanos, pasa sus primeros once capítulos tratando de satisfacer nuestra necesidad de seguridad, al mostrarnos cómo el Espíritu Santo nos asegura que nada nos podrá separar del amor de Dios en Cristo Jesús. Luego, en los últimos cuatro capítulos, el Espíritu Santo se mueve a nuestra necesidad de trascendencia. Habla de los dones únicos de cada persona y su lugar de servicio en el cuerpo de Cristo. De seguridad al significado; del amor a la admiración; de aceptación a aprobación.


Otra palabra para el amor, es la palabra intimidad. Si tienes una relación firme con alguien, esta se vuelve cada vez más íntima entre ustedes. Sin embargo, hay limitaciones para desarrollar intimidad con alguien. Uno de esas limitaciones a la intimidad, es el egoísmo. El egoísmo se centra en conseguir, no en dar. Amor, por definición, es dar, pero el pecado por naturaleza toma y consigue. Las personas a menudo confunden amor con lujuria, pero la principal diferencia entre los dos, es el egoísmo. El amor pregunta: «¿cómo puedo satisfacer sus necesidades?», mientras que lujuria pregunta, «¿cómo puede usted satisfacer las mías?» La naturaleza pecaminosa acciona contra la intimidad, porque es egoísta.


El miedo es otra limitante a la intimidad, pues es uno de los mayores obstáculos para abrirse o sincerarse. Usted no puede ser íntimo con alguien, acercarse a alguien, si no comparte las cosas que son más afines a usted. Tenemos miedo de dejar que otra persona vea lo que hay muy dentro de nosotros pues tememos que si no les gusta lo que ven, simplemente nos rechazarán. Este miedo al rechazo nos mantiene herméticamente cerrados.


Sin embargo, el amor de Cristo tiene una fuerza centrípeta, es decir, nuestro Mesías es magnético. Él nos lleva más y más cerca a sí mismo. Esta es la experiencia que Juan tuvo con Jesús, como el resto de los discípulos. Esta es la experiencia apostólica que Juan quiere compartir con sus lectores. Quiere que disfruten de una intimidad creciente con su Salvador. (Comunión = koinonia = compartir) La carta de amor de Dios en la primera epístola de Juan, nos muestra cómo tener intimidad después de la caída, y cómo podemos tener saciada nuestra necesidad más fundamental de amor, a pesar de que haya pecado en el mundo, en el universo y en nuestro interior.

Romanos 8:35-39
35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero.Sal. 44.22.
37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 12:5-8
5así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo,1 Co. 12.12. y todos miembros los unos de los otros. 6De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada,1 Co. 12.4-11. si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.
 
1 Juan 1:4-9
4Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.
Dios es luz
5Éste es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. 6Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; 7pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. 8Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 9Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

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