viernes, 29 de septiembre de 2017

Corazones que Arden día 5



Orar que Dios incendie

El fuego no dice: -¡Qué pereza! ¿Ahora tengo que ir hasta allí?- 
¡El fuego se extiende por todos los sitios y siempre quiere alcanzar lo máximo posible!

¿Por qué la evangelización es una asignatura pendiente en la mayoría nuestras vidas e iglesias? Creo que tiene que ver con que este ciclo potencial que se observa en los cuatro días anteriores no está teniendo lugar. Me explico. En los cuatro devocionales anteriores, vimos cuatro acciones necesarias para la evangelización : 

1.- Caminar con la gente preocupándose por ella
2.- Exponer las escrituras mostrando a Cristo
3.- Orar que Dios abra los ojos y el entendimiento
4.- Orar que Dios encienda con su fuego los corazones.

Pues bien, una vez encendido el fuego en el corazón de las personas que escuchen, irían corriendo a contarlo como los de Emaús y luego, tomando como modelo el ejemplo de Jesús, caminarían con ellos, les expondrían las escrituras, orarían que Dios les abriera los ojos y que sus corazones fueran encendidos con el amor y el gozo divinos y… ¡vuelta a empezar! Éstos últimos que han escuchado y ahora tienen el fuego de Dios irían a otros… a su vez éstos a otros… y el incendio del evangelio estaría asegurado.

Quiera Dios que tú que lees este devocional te preguntes: ¿Estoy haciendo la labor de evangelizar? ¿Yo he experimentado a Cristo caminando a mi lado y revelándose a mi vida? ¿Dios ha abierto mis ojos y he conocido a Cristo? ¿Tengo el fuego de Dios, su amor y su gozo en mi corazón?  

Oro para que tú que has llegado al final de este devocional le digas a Dios: ¡Señor, que mi corazón arda! ¡Quiero que me uses para incendiar el mundo con tu amor!


Lucas 24:13-35 Traducción en lenguaje actual (TLA)

¡Quédate con nosotros!

13 Ese mismo día, dos de los seguidores de Jesús iban a Emaús, un pueblo a once kilómetros de Jerusalén.
14 Mientras conversaban de todo lo que había pasado, 15 Jesús se les acercó y empezó a caminar con ellos, 16 pero ellos no lo reconocieron. 17 Jesús les preguntó:
—¿De qué están hablando por el camino?
Los dos discípulos se detuvieron; sus caras se veían tristes, 18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le dijo a Jesús:
—¿Eres tú el único en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado en estos días?
19 Jesús preguntó:
—¿Qué ha pasado?
Ellos le respondieron:
—¡Lo que le han hecho a Jesús, el profeta de Nazaret! Para Dios y para la gente, Jesús hablaba y actuaba con mucho poder. 20 Pero los sacerdotes principales y nuestros líderes lograron que los romanos lo mataran, clavándolo en una cruz. 21 Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Pero ya hace tres días que murió.
22 »Esta mañana, algunas de las mujeres de nuestro grupo nos dieron un gran susto. Ellas fueron muy temprano a la tumba, 23 y nos dijeron que no encontraron el cuerpo de Jesús. También nos contaron que unos ángeles se les aparecieron, y les dijeron que Jesús está vivo. 24 Algunos hombres del grupo fueron a la tumba y encontraron todo tal como las mujeres habían dicho. Pero ellos tampoco vieron a Jesús.
25 Jesús les dijo:
—¿Tan tontos son ustedes, que no pueden entender? ¿Por qué son tan lentos para creer todo lo que enseñaron los profetas? 26 ¿No sabían ustedes que el Mesías tenía que sufrir antes de subir al cielo para reinar?
27 Luego Jesús les explicó todo lo que la Biblia decía acerca de él. Empezó con los libros de la ley de Moisés, y siguió con los libros de los profetas.
28 Cuando se acercaron al pueblo de Emaús, Jesús se despidió de ellos. 29 Pero los dos discípulos insistieron:
—¡Quédate con nosotros! Ya es muy tarde, y pronto el camino estará oscuro.
Jesús se fue a la casa con ellos. 30 Cuando se sentaron a comer, Jesús tomó el pan, dio gracias a Dios, lo partió y se lo dio a ellos. 31 Entonces los dos discípulos pudieron reconocerlo, pero Jesús desapareció. 32 Los dos se dijeron: «¿No es verdad que, cuando él nos hablaba en el camino y nos explicaba la Biblia, sentíamos como que un fuego ardía en nuestros corazones?»
33 En ese mismo momento, regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los once apóstoles, junto con los otros miembros del grupo. 34 Los que estaban allí les dijeron: «¡Jesús resucitó! ¡Se le apareció a Pedro!»
35 Los dos discípulos contaron a los del grupo todo lo que había pasado en el camino a Emaús, y cómo habían reconocido a Jesús cuando él partió el pan.

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