martes, 4 de julio de 2017

Como ser libres de la Inseguridad Día 2

“¿Dónde encuentras tu identidad?”

Nuestra identidad es lo que entendemos que somos en lo más profundo de nuestro interior. Es nuestra esencia o lo que queremos creer (y queremos que otros crean) que es nuestra esencia, incluso si en verdad no lo somos.

¿De dónde proviene la percepción de nuestra propia identidad? He aquí la pregunta crucial y el meollo del problema. Nuestra respuesta a esa pregunta define si un día vamos a liberarnos de la inseguridad o no.

No es una respuesta fundamentalmente intelectual. Todos sabemos que podemos “saber” la respuesta correcta, pero sin saberla. Contestamos esa pregunta desde el corazón porque nuestra identidad está ligada a lo que en verdad amamos, lo que queremos de veras, lo que creemos que ciertamente nos ofrece esperanza. O sea, siempre hallamos nuestra identidad en nuestro “dios”.

Nuestro dios puede ser o no el dios de nuestro credo. Es posible decir que nuestro dios es el Señor y que no sea verdad (Lucas 6:46; Isaías 29:13). Nuestro dios es la persona o entidad que creemos que tiene la mayor autoridad para determinar quiénes somos, por qué estamos aquí, qué debemos hacer y cuánto valemos. Nuestro dios es aquello que no podemos evitar buscar y seguir, porque creemos que sus promesas nos brindan la mayor felicidad.

Lucas 6:46Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Los dos cimientos

(Mt. 7.24-27)

46 ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

Isaías 29:13Reina-Valera 1960 (RVR1960)

13 Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;

Salmos 20:7Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Estos confían en carros, y aquéllos en caballos;
Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.

2 Reyes 19:17-19Reina-Valera 1960 (RVR1960)

17 Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras;
18 y que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y por eso los destruyeron.
19 Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)
Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.


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